EL Huingan
“Cuentan que allí vivía un ignorado pirquinero, de los primeros que llegaron a la zona, y entre los piches y los huinganes hizo su ranchito de ramas. Todo el oro que iba sacando de los lavaderos lo ponía en una botella que luego escondía en un pozo al lado del Huingan. Unos dicen que acuñó solo una botella, otros que aran varias.
Un día, al cruzar el Neuquén, su caballo perdió pie y fue arrastrado por la correntada. Nunca más se supo de él. Muchos trataron de encontrar sus botellas con oro, escarbando alrededor del Huingan. Algunos dicen que aquel que las encontró se fue lejos a disfrutar de sus riquezas, como tiene que ser con los entierros. Otros sostienen que debajo del Huingan todavía están las botellas con oro.
Cuando en andacollo había luz eléctrica sólo hasta las doce horas, de la noche, mucha gente dice haber visto cierto resplandor bajo el huingán de nuestra plaza”.