1.- LA LLUVIA.
Cuando llueve, la calzada se recubre de una de agua
más o menos densa, según la intensidad de la lluvia y
la rapidez con que aquélla se escurre hacia los lados. Las primeras
gotas de agua, al empapar el polvo que se encuentra en suspensión
en el aire, o caído sobre la calzada, e incluso grasa y otros
restos forman una pasta de barro, que convierte a la calzada en sumamente
deslizante.
Para que los neumáticos de nuestro vehículo
puedan adherirse al pavimento, es necesario que eliminen el agua y el
barro con que se encuentran, echándolo hacia atrás y hacia
los lados por las ranuras laterales de los mismos
Esta es la misión de los dibujos que se encuentran
en la banda de rodadura de los neumáticos.
Circulando en estas circunstancias se advierten tres
fenómenos:
a) Se dificulta la adherencia de los neumáticos
al pavimento.
b) Hay peligro de deslizamiento.
c) Disminuye la visibilidad.
Al no haber buena adherencia al pavimento, corremos
el riesgo de derrapar en una maniobra de cambio de dirección
o frenado, que en tiempo seco no se produciría
Por lo mismo, tendremos sumo cuidado en:
No frenar de un modo brusco, puesto que las ruedas
se bloquean, no se agarran al pavimento y por consiguiente el vehículo
se desliza como si fuera sobre patines.
Mantendremos una distancia de seguridad con relación
al que nos precede mucho mayor a la norma, puesto que, aún frenando
suavemente, el vehículo necesita mayor espacio para detenerse.
Se calcula que la distancia de frenado en calzada mojada es el doble
que en calzada seca.
Estas precauciones han de observarse sobre todo, al
aproximarse a curvas y tramos con pavimentos empedrados o con asfalto
muy pulido.
En definitiva, seguiremos este principio: “Si
la adherencia es reducida la velocidad debe ser reducida”.
2.-CONSECUENCIAS DEL PAVIMENTO MOJADO.
La primera consecuencia del pavimento mojado, si no
reducimos la velocidad es el fenómeno llamado “aquaplaning”.
S circulamos muy rápido, cuando llueve intensamente, los neumáticos,
sobre todo si están gastados, no dan abasto a evacuar la capa
de agua que van absorbiendo de la que hay en la calzada.
En lugar de proyectarla hacia atrás y hacia los
lados a través de los dibujos dela banda de rodadura, se va remansando
delante de la rueda y forma como un colchón, sobre el que se
va apoyando el neumático.
Falta entonces la adherencia, y el vehículo se
va deslizando sobre el agua, sin que obedezca al conductor, ni en la
dirección ni en la frenada.
Para evitar el aquaplaning, hay dos remedios:
Conservar en buen estado la banda de rodadura de los
neumáticos, y
Circular a menos velocidad que cuando la calzada está
seca.
Otras consecuencias del pavimento mojado son:
La posibilidad de derrapar cuando empieza a llover,
por la razón que dimos al principio.
Los grandes charcos de agua que a veces existen pueden
suponer un peligro para la estabilidad del vehículo, si entramos
en ellos a gran velocidad y sobre todo si pasamos sobre el charco con
las ruedas de un solo lado.
Los frenos, después de haber pasado por un charco
de agua, se pueden volver ineficaces momentáneamente. Al salir
de la zona encharcada debemos frenar varias veces para que recuperen
la eficacia.
La posibilidad de salpicar a los demás usuarios,
si pasamos a gran velocidad.
3.- LA VISIBILIDAD.
Para mantener una visibilidad que sea buena, dentro
de lo posible, en un día de lluvia procuraremos:
Limpiar con un paño, que debemos tener a mano,
tanto los vidrios que se empañan, como los retrovisores,
encender el alumbrado de cruce para hacernos visibles
a los demás,
hacer funcionar los limpiaparabrisas y lavaparabrisas,
hacer funcionar el ventilador interior, orientándolo
hacia el parabrisas,
poner el desempañado de la luneta trasera, si
dispone de este sistema nuestro vehículo.
4.- SALPICADURAS DE AGUA Y BARRO.
Cuando llueve e incluso cuando ha cesado de llover y
la calzada está mojada, deberemos poner en la velocidad más
rápida nuestro limpiaparabrisas antes de cruzarnos, o de adelantar
o de ser adelantados por otros vehículos, sobre todo si se trata
de un ómnibus o de un camión, puesto que estos vehículos
levantan un verdadero nubarrón de agua y de barro, que momentáneamente
nos quitan toda visibilidad.
Estas salpicaduras de agua y barro afectan también
a los faros y dispositivos ópticos de nuestro vehículo
mermando la intensidad de nuestra luz, por lo que no nos olvidaremos
de limpiarlos.
5.- LA NIEVE Y El HIELO
El hielo es el primer enemigo de la adherencia de loa
neumáticos al pavimento, y el segundo la nieve La nieve dura
y apretada es tan peligrosa como el hielo. Evitaremos frenar. pues los
ruedas se bloquean con gran facilidad el vehículo quede sin control
y el derrape es inevitable Tengamos en cuenta que sobre una superficie
helada, la distancias de frenado pueden ser hasta diez veces superiores
a las normales Una ligera capa de nieve reciente que se va derritiendo,
no impide la circulación, pero la adherencia es muy débil.
Para contrarrestar estos inconvenientes:
Llevaremos los neumáticos en buen estado, y
con el dibujo en toda la banda de rodadura,
los llevaremos a su debida presión, ni muy inflados
ni muy flojos.
reduciremos la velocidad para poder dominar el vehículo,
sin tocar apenas el freno, cambiando a una velocidad inferior, si es
preciso ir más despacio.
aumentaremos la distancia seguridad con el vehículo
que nos precede,
en caso de patinaje o derrape del vehículo,
intentaremos corregir la trayectoria moviendo la dirección suavemente,
sin brusquedades hacia el lado a donde se deslice la parte trasera de
nuestro vehículo.
Si el deslizamiento proviene del eje delantero, trataremos
de corregirlo girando las ruedas hacia el lado opuesto.
Para arrancar sobre nieve no es bueno acelerar demasiado
en primera velocidad, pues se haría más honda la huella
Lo mejor será. utilizar la relación de velocidades mas
alta que pueda utilizarse en estas condiciones. Esta misma norma vale
para las rampas y las curvas, evitando, en lo posible, los cambios de
marcha. Es particularmente peligrosa la nevada en circunstancias de
temperaturas bajo cero, porque la nieve que cae sobre nuestro parabrisas,
se va congelando, y el limpiaparabrisas no logra retirar la capa de
hielo que se va formando sobre el mismo. En estos caso conviene estar
prevenidos y colocar un líquido anticongelante en le depósito
de agua del lavaparabrisas, pues en caso contrario, también el
agua que salga al accionar el lavaparabrisas congelará, y se
formará una capa más espesa aún, que nos impedirá
la visibilidad.
Si no disponemos del líquido anticongelante,
podemos utilizar como medida de urgencia, un vaso de vino o de cualquier
bebida alcohólica, para mezclar con el agua del depósito
del lavaparabrisas.
Además, la nieve dificulta la visión delas
marcas viales y a veces también la señalización
vertical, por lo que el mantenernos dentro de la calzada resulta mucho
más problemático.
Recordemos que en estos casos es obligatoria la utilización
de las luces bajas, o la de niebla o ambas.
6.- COMO PREVER LA EXISTENCIA DE HIELO EN LA
CALZADA.
Como medida para prever la existencia de hielo tendremos
en cuenta:
Que éste se forma sobre la calzada cuando el
ambiente está húmedo y el termómetro marca alrededor
de cero grados.
Suele helar con preferencia durante la noche y sobre
todo al amanecer.
Son especialmente propensos al hielo y escarcha aquellos
lugares en donde no llegan los rayos del sol,
por ejemplo, zonas sombrías, valles abrigados,
tramos de carretera orientados al sur, etc.
Especialmente peligrosos son los puentes y pasos elevados
de montaña, donde suele permanecerle hielo por más tiempo.
Otras veces la circulación lenta de los vehículos
con los que nos cruzamos, puede se indicio de la existencia de hielo.
Hoy día los medios de comunicación social,
radio, prensa, televisión, nos pueden informar de la viabilidad
de nuestras carreteras.
Para advertir del peligro de deslizamiento por lluvia,
hielo o nieve se utiliza la señal de advertencia de peligro p-19.
Para aumentar la adherencia de las ruedas sobre la nieve
y el hielo se proponen estos remedios:
Utilizar neumáticos especiales muy duros, con
unas hendiduras profundas para evacuar rápidamente la nieve.
Unos neumáticos con clavos que se meten en la
nieve o el hielo.
Estos clavos serán circulares de cantos redondos
y no sobresaldrán de la superficie de rodadura más de
dos milímetros.
Hay también “sprays”, que, aplicados
sobre la superficie de rodadura, facilitan la adherencia, pero su eficacia
es temporal, durante algunos kilómetros
Finalmente como remedio más seguro se proponen
las cadenas, que se colocan alrededor delas ruedas motrices del vehículo.
Existen varios tipos de cadenas, cuya instalación,
aunque no difícil, suele resultar incómoda por las circunstancias
climáticas en que hay que colocarlas.
No pensemos, por otra parte, que la colocación
de las cadenas es un remedio infalible pues también con ellas
puede derrapar el vehículo, si no guardamos las debidas precauciones.
Es un error pensar que se mejora la adherencia desinflando
un poco los neumáticos. La adherencia de éstos al pavimento
es tanto mejor, cuando más correcta sea la presión de
inflado de acuerdo con las instrucciones del fabricante.
7.- CARRRETERAS CORTADAS POR LA NIEVE.
Cuando el temporal de nieve o hielo es tan intenso que
el paso por las carreteras afectadas pueda suponer un serio peligro
para los usuarios, el titular dela vía cierra al tránsito
esos tramos de carreteras, mientras duren estas circunstancias, y entonces
decimos que están cerrados.
Pero puede ocurrir que el paso por los mismos sea alrededor
de las ruedas motrices de los mismos, y en este caso el titular de la
vía facilita y permite el paso por estos tramos de carretera
a los usuarios que hayan cumplido estas normas. Se dice entonces que
están abiertos con cadenas, siendo su uso obligatorio, si queremos
pasar, o al menos recomendado. La señalización especifica
para estos casos es la I-21.
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I-21. TRANSITABILIDAD EN TRAMO
DE MONTAÑA. Indica la situación de transitabilidad
de un tramo de montaña definido por su nombre en la parte
superior de la señal. Posee tres espacios para la colocación
de paneles. |
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El espacio
2 llevará un panel que podrá
ir en blanco (2.a), en cuyo caso no indica prescripción alguna;
o bien indicar que el uso de cadenas para nieve es obligatorio (2.b),
o que sólo está recomendado (2.c). |
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El espacio
1 llevará un panel que indicará
si el tramo está “ABIERTO” (1.a), o “CERRADO” (1.b). |
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Cuando
el panel 1 indique “CERRADO”,
el espacio 3 podrá estar en blanco (3.a), o indicar el nombre
del lugar hasta donde la ruta esté transitable (3.b),
en las condiciones que indique el panel 2. |
8.- LA NIEBLA.
La niebla reduce la visibilidad a algunas decenas de
metros, y a veces a algunos metros solamente.
Impide la visibilidad a otros conductores para que
nos vean bien a nosotros.
Nuestros ojos pueden llegar a irritarse por la fijeza
con que vamos mirando unos metros delante del vehículo.
Además los sonidos, con niebla, quedan amortiguados
y este dato hace que no podamos calcular bien las distancias.
Por otra parte el pavimento suele estar mojado o al
menos húmedo con peligro de deslizamiento.
Como consecuencia se impone una reducción de
la velocidad de tal modo que podamos detener el vehículo en el
espacio visible al frente.
Si solamente vemos un espacio de 30 metros, no podemos
circular a más de 50 km/h.
Al llegar a un cruce o cambio de dirección deberemos
extremar las precauciones por falta de visibilidad.
Para tener buena visibilidad en el parabrisas, haremos
funcionar el limpiaparabrisas y orientaremos el chorro de aire caliente
hacia el mismo en el interior.
De todos modos, la conducción con niebla es muy
fatigante, por lo que vigilaremos constantemente, sin bajar la guardia
por el cansancio y la fatiga.
A veces es descansado circular detrás de otro
vehículo que nos precede, pero, si lo hacemos así, mantendremos
en todo caso aumentada la distancia de seguridad, pues no podemos prever
la disminución de velocidad que va a hacer su conductor, ante
un peligro que nosotros no vemos.
En vías de una calzada y doble sentido de circulación,
no intentaremos adelantar, por el riesgo que esto supone, si la niebla
es muy espesa.
Para ver nosotros mejor, utilizaremos las luces bajas,
y si tenemos instaladas las luces de niebla, también podremos
hacer uso de ellas juntamente con las bajas o sólo las de niebla.
Para ser vistos mejor por la parte posterior, utilizaremos
el alumbrado ordinario, y también el alumbrado de niebla posterior,
si disponemos de él y la niebla es espesa. Es conveniente revisar
el funcionamiento de las luces traseras y su limpieza.
Para conducir con menos riesgo de salirnos de la calzada,
nos fijaremos en las líneas del pavimento, que suelen prestar
una valiosa ayuda, tanto la central como la que está a nuestro
lado derecho.
Circulando con niebla seguiremos el principio que dimos
para la lluvia: “A visibilidad reducida, velicidad reducida”,
ajustándonos a la velocidad máxima indicada mediante la
señalización especifica (R-311, R-312 y R-313).
9.-VIENTO, EFECTO SOBRE LA TRAYECTORIA DEL VEHÍCULO.
El viento, cuando sopla fuerte y de costado, resulta
peligroso para la trayectoria de nuestro vehículo, porque constantemente
va actuando sobre el mismo una fuerza lateral que tenemos que ir corrigiendo
y compensado con el volante.
Si la carretera entra dentro de una zona atrincherada
con laderas altas a los costados, esta fuerza lateral cesa, pero se
presenta de improviso cuando volvemos a salir de la misma.
Si adelantamos a un camión y el viento sopla
de la derecha, nos vemos impulsados hacia el camión en el mismo
momento de adelantarle, porque éste surte el mismo efecto que
la zona atrincherada al entrar en ella, y la compensación que
veníamos haciendo en el volante para mantener la trayectoria,
nos empuja hacia él.
Si el viento sopla de costado izquierdo, deberemos ir
compensado la desviación de la trayectoria con le volante tirando
hacia la izquierda, por lo que ésta compensación nos empujará
hacia el camión con que nos crucemos circulando en sentido contrario,
porque en este momento ese vehículo voluminoso nos protege de
la fuerza lateral que el viento estaba imprimiendo a nuestro vehículo.
Todavía es más peligroso el viento que
sopla a intervalos con ráfagas de diversa intensidad. Como solución
a estas dificultades se propone:
Reducir la velocidad para evitar así las desviaciones
involuntarias.
Prever las desviaciones puedan
hacer otros conductores, sobre todo los de dos ruedas, quienes son
más sensibles al viento
tanto de frente como de costado. Dejaremos mayor separación.
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